Desde finales del siglo XVII
La Hacienda
Cuenta la historia que, cuando la plata de Zacatecas viajaba por el Camino Real hacia la Ciudad de México, había un punto del valle queretano donde todo viajero sabía que encontraría descanso. Ese punto era Hacienda Dolores.
A finales del siglo XVII, sus corrales recibían al ganado que venía del norte, sus techos cobijaban a los peones que caminaban la ruta de la plata, y su molino convertía el trigo del valle en el pan del virreinato. Fue, en el fondo, una casa de hospitalidad: un lugar hecho para recibir.
Trescientos años después, la hacienda conserva esa vocación. Los corrales son hoy jardines de celebración; donde descansaban los animales, hoy descansan los novios después de su gran noche; y donde el molino marcaba el ritmo del trabajo, hoy la música marca el ritmo de la fiesta. La hacienda sigue haciendo lo que mejor sabe hacer: recibir a la gente en los momentos que importan.

Los espacios
Cada rincón, un escenario
Jardines y exteriores
Áreas verdes enmarcadas por muros virreinales, ideales para ceremonias, cocteles y sesiones fotográficas al atardecer.
Salón y áreas de banquete
Espacios para montaje de banquete hasta 400 invitados, con la calidez de la arquitectura original de la hacienda.
Habitaciones
Hospedaje dentro de la hacienda para los novios, la familia o los asistentes de tu retiro o curso.
El casco histórico
Muros que datan de finales del siglo XVII y que fueron testigos del Camino Real de la Plata: el alma del lugar.
La mejor forma de conocer la hacienda es caminando entre sus muros. Agenda tu visita con cita previa.
